La Anoerxia Nerviosa-Infierno En Vida

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Esto es solo una teoría, pero yo pienso que el 99.9% de los graduandos de mi clase del ’98 en la secundaria tenían grandes sueños, y tenían seguro que cosas buenas pasarían en los próximos diez años. En cuanto a mi, supongo haber estado agrupada en ese porcentaje que pensaban que las cosas pasarían diferente, pero como suele suceder, la vida le da pruebas al humano en tal manera que algunas veces, el infierno en tierra, aparenta ser realidad.

Así es la anorexia nerviosa: infierno en vida. Es como estar atrapado en una jaula de hierro, sobre de un pozo de lava y donde la anorexia sostiene las cadenas de la polea que desciende a voluntad.

Fui la estudiante con las notas mas altas en mi clase y tuve a mi cargo pronunciar el discurso ceremonial en la graduación. Pienso que muchos otros pasados estudiantes en el mismo lugar se sentían en una posición privilegiada que a gritos decía, “Soy especial”. Pero en este caso, la ironía fue que no comencé en la universidad hasta diez años después, comenzando mi primer año a los veintiocho años de edad.

En lugar de exámenes finales, coros musicales, recitales y compromisos con sororidades en un campo lleno de nieve, los diez años entre mi graduación de la secundaria y mi matricula del colegio se llenaron de lo siguiente:

Obsesionada con una dieta de 200 calorías por día y una discrepancia entre 80 y 80.5 en una báscula, utilizando batas de hospital las cuales se deslizaban de mis hombros, un programa de hospitalización, Una dieta de 3,000 calorías por día, viajes regulares a la Unidad de Cuidado Intensivo (UCI), tubos para alimentarme los cuales me sangrar por la nariz, y transportaban sustancias monstruosas.

Terapia individual, terapia de grupo, terapia cognitivo-conductual, terapias de arte, preguntas acerca de si mis medicamentos tenían efectos secundarios en mi aumento de peso y doctores; siempre doctores por donde quiera.

A pesar de la horas de actividades para recuperación, no sé como esto comenzó.

Especialistas en el trastorno alimenticio severo tienen teorías. Personalidades de Tipo A, rasgos de perfeccionismo, madres autoritaria, afecto emocional de la ausencia del padre, competencias de hermanos y así sucesivamente.

Todos esos factores fueron parte de mi vida y proporcionaron un catalizador para la enfermedad, pero me frustra no saber cual fue el origen de todo.

Este trastorno alimenticio y la falta de apetito  comenzaron en el verano del 1998, tiempo que sirvió como un periodo transición entre el refugio de la escuela secundaria y la fría realidad del mundo adulto.

Mi peso fue reducido de 130 a 110 libras en el principio del otoño. A pesar de mis elogios secretos conmigo misma en esta “victoria”, mis padres estaban desconcertados. Luego de infructuosos intentos con una lista de terapeutas, seguidos por un par de años de depresión crónica, aislamiento físico y agro fobia general, en el 2002, fui admitida en la Unidad de Trastornos Alimenticios del hospital de Baton Rouge en Louisiana, donde pasaría un año de mi vida.

A lo largo de los próximos doce meses, me tambaleé, un día pensando que la completa abstinencia de este comportamiento de trastorno alimenticio era la única respuesta para vivir y al día siguiente creyendo que moriría si no era delgada. ¿Cuan delgada? Yo media 5’6” y pesaba 80 libras, pero juraba ver la acumulación de grasa entre mis sobresalientes costillas y mis caderas.

Independientemente, de todo lo dicho, fui despedida con un diagnostico de “recuperación adecuada”, lo que también se refieren “que pasa cuando uno se queda sin seguro médico.”

Esto fue seguido por serios y fracasados intentos de suicidio utilizando litio y pastillas para dormir. Cuidado Intensivo se convirtió en mi segundo hogar.Años de sufrimiento sobrevinieron; años que fueron marcados por intermitentes periodos de cuidado alimenticio, pero mas seguido, marcados por horribles peleas con el trastorno.

Aprendí que estaba enredada en un espiral que descendía y no parecía tener fondo, aunque sabía en mi corazón que había un final: la muerte.

Este hecho, fue lo que finalmente me quitó los lentes rosados que me mostraban que “la delgadez estaba a la moda”, y lo que me inyecto la realidad en mis venas.

¿Como es que me he recuperado? Honestamente, no se en realidad, pero con mucho gusto le preguntaría al anoréxico que ilusiona con recuperarse.

La realidad de esta enfermedad es que la completa recuperación es imposible, pero hoy estoy agradecida de no haber incurrido en ninguna conducta anoréxica durante los últimos cinco años.

También puedo decir que como he crecido y cambiado: mi autoestima ya no es medida por las libras que he perdido, ni por los logros con los que he sido bendecida.

Ahora es definida por la fuerza interna que poseo y la confianza de saber que soy una persona que vale la pena, a pesar de mis defectos de carácter, la manera en que contribuyo es en mejorar el mundo que una vez pensé que me había provisto mala suerte.

Mi autoestima es definida en la sabiduría, de que si me encuentro faltando una comida, o contando los gramos de grasa en una manera con menos de indiferencia, se que solo me estoy privando una vida que ya no suele ser infernar, y es algo mucho mas maravilloso de lo que me podía imaginar.

La diversidad en el mundo puede ser marcada solo por quienes individualmente han llevado una vida en la que los cambios no han estado ausentes, una vida a través de la cual la continuidad ha sido alterada de alguna manera.

Se que he vivido un infierno, como yo defino como infierno, y se que he experimentado batallas sicológicas para el que una vez pareció inútil, pero… Ahora veo oportunidades para poder renovar y renacer.

Soy digna. Soy fuerte. Estoy hoy viva, en el sentido físico, metafórico y espiritual.

Independientemente de como mi historia cambie las vidas de personas que sufren de trastornos alimenticios, ya sea a uno, o ninguno en absoluto, yo siempre estaré digna, fuerte y viva.

Porque nunca es un logro la motivación para el cambio, pero siempre el cambio en si mismo que es el motivo de la realización.

Voluntaria en JDSA, Arati Jambotkar, es la mas reciente miembro del movimiento JDSA! Actualmente, A.J. asiste a Northwestern State University, completando su maestría en Inglés. Previamente, completó un Bachillerato en Artes Libre en la Universidad de Lowell, Massachusetts en Inglés y Estudios de la Mujer, titulo que completó con un promedio de Summa Cum Laude. Hoy por hoy se desempeña como tutora de inglés y es una escritora extraordinaria!Esté atento par ver mas historias que forman parte de su serie personal, las cuales son explícitas y provocan reflexión, sentimientos y son muy, pero muy buenas.

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